Otra política

En las memorias de Indro Montanelli, recogidas por la periodista Tiziana Abate, se puede leer:

Más que una idea, la derecha ha sido siempre una moral, un catecismo de conductas: desinterés, corrección, discreción, horror al espectáculo y a la demagogia. ¿Y qué ejemplos de estas cualidades ha ofrecido la derecha actual? Yo en ella veo –ya se entiende que con las debidas excepciones– a unos aficionados que, si no todos, hacen política por sus intereses privados y parecen incapaces de separarlos de los públicos, como exige el abecé de la derecha.  Justamente esto es lo que yo no podía ni puedo perdonar: actuar como actúa y comportarse como se comporta enarbolando una bandera que no es la suya.

¿Se podría decir lo mismo de nuestra derecha? Seguramente, si tenemos en cuenta que el recorrido histórico de España es similar al de Italia. Por supuesto que Montanelli compara las virtudes de la gran tradición liberal del conservadurismo británico con el populismo dudoso y retórico de la derecha de su país. No se lleva a engaños: sabe que política y pueblo son esencialmente lo mismo. Así, en otro pasaje, leemos:

Este país es lo que es –ignorante, superficial, capaz de algún efímero furor pero no de genuinos sentimientos y resentimientos morales– porque así es como lo ha hecho la escuela, y la política es  la que ha hecho una escuela así. En cierta ocasión le pregunté a un colega inglés como lograba su país regirse tan sólidamente sin tener ni siquiera una verdadera constitución. Es verdad, me contestó, una constitución en el sentido que los italianos dais a esta palabra, no la tenemos. Como contrapartida tenemos los colleges, donde se forman los hombres que no necesitan una constitución para saber que es lo que pueden y, sobre todo, lo que no pueden hacer.

En efecto, tan importante como el poder son los límites que se le imponen, así como la dignidad que emana del mismo. Un político puede escudarse en una mayoría absoluta o en un ideario para hacer tabula rasa e imponer sus intereses. Pero, en el fondo, con ello no logrará más que dinamitar las bases de la convivencia cívica de una sociedad. Los ejemplos en la historia reciente de España son innumerables y, al observarlos, uno nunca sabe si nuestros políticos son unos farsantes, unos aprovechados o unos irresponsables. Seguramente un poco de todo. La sabiduría política exige menos demagogia, menos manipulación y, sobre todo, una mayor conciencia de nuestra responsabilidad histórica y moral. Una conciencia que le falta a muchos de nuestros gobernantes. Quizás porque nos falte también a nosotros.

Artículo publicado en Diario de Mallorca.